miércoles, 28 de diciembre de 2011

"¡Quiero ver sangre!", historia enciclopédica del cine de luchadores

Félix Morriña

Todavía recuerdo mi primera niñez en el Olivar del Conde y El Molinito, colonias populares de Naucalpan, estado de México, cuando me llevaban al gigantesco cine del barrio cuyo nombre no recuerdo ahora por más que me esfuerzo, pero ahí vi mis primeras películas de enmascarados, de aquellos héroes que significan lo mismo que el valor que les tenía a mis padres, porque ellos me daban protección y me cuidaban, más allá de mis amigos imaginarios. Con el paso del tiempo, entendí que sólo mis padres siguen y seguirán siendo mis verdaderos héroes, pero cómo no recordar a El Santo, Blue Demon, El Mil Máscaras (que me dejaba atónito con tantos modelos), Huracán Ramírez y Tinieblas (uno de mis consentidos por esa peculiar máscara), que me brindaron felicidad.
            Por aquellos años, antes de cumplir seis, mi tío Camilo me llevaba a los burdeles, cantinas y cabarets, donde me cargaban voluptuosas féminas a las que llamaba cariñosamente “mamás”, mientras él se dejaba amar sin contratiempos. También me llevaba al Toreo de Cuatro Caminos para ver las luchas, antes de que ese espacio se convirtiera en sitio para conciertos masivos y dejara de ser parte de la fiesta brava. Cuando paso por ahí y no veo la tremenda esfera de hierro que simbolizaba el Toreo para todos los habitantes del Valle de México, me da tremendo dolor de estómago de terror y angustia, porque pienso que algún día derribarán mis amadas Torres de Satélite, como hicieron con este monumental espacio arquitectónico.
            Recuerdo a mi tío Camilo comprarme muchas máscaras que usaba para jugar con mis fenecidos hermanos Antíoco y Andrés en la cama de la casa donde vivíamos en El Molinito. Sería bueno preguntar a mis padres qué pasó con esos significativos regalos, que ahora veo con otros ojos en la colección de fotografías incluidas en el libro Historia ilustrada del cine de luchadores: ¡Quiero ver sangre¡ (UNAM, 2011),  del trío periodístico integrado por Raúl Criollo, José Xavier Návar y Rafael Aviña, en donde aparece toda la historia de la lucha libre en el séptimo arte. Este trabajo enciclopédico realizado por años, muestra además una entrevista con Blue Demon realizada por Rafael Aviña con el apoyo del editor de Espectáculos del diario Reforma, Hugo Lazcano; así como también una extensa bibliografía que merece ser atendida por verdaderos amantes de las llaves, las tres caídas sin límite de tiempo, de las atractivas “edecarnes” y de las capuchas y marrullerías.
            Esta intensa investigación, acaba de salir al mercado editorial para beneplácito de los amantes del pancracio, escrito por tres empedernidos amantes de las máscaras y cabelleras, como de los encuentros entre técnicos y rudos, así como todo lo que tiene que ver con este deporte espectáculo y su parafernalia escénica. Pese a que muchos señalan que hay una severa crisis en la lucha libre, este libro enciclopédico servirá para que usted pueda consultar todo lo que existe en torno a este fenómeno de masas, que potenció al séptimo arte, fortaleció las páginas de los diarios nacionales y especializados; como también ayudó a mejorar la economía de miles de familias a lo largo de su existencia y alrededor de la Arena México y la Arena Coliseo.
            Más allá del análisis de los autores sobre lo que ha sucedido a lo largo de la segunda mitad del siglo XX con la lucha libre nacional, el libro sirve de mucha ayuda para todos los investigadores, sociólogos e interesados para situar en algún momento de la historia nacional lo que sucedía sobre el encordado y viceversa. Para ello, la lucha libre necesitaba, sin duda, de la ayuda de personajes externos para concretar un momento histórico, porque la vida de un luchador de los años 70 a principios de los años 90, era ejemplo a seguir por miles de mexicanos, porque lo tenían prácticamente todo: Mujeres, dinero, fama, reconocimiento nacional e internacional, entre un largo etcétera, cosa que no ofrecía, ni ofrece hoy día, el sistema político, económico, social y cultural mexicano.
            “En el verano de 2006, poco antes del Mundial de Alemania, murió Ángel Fernández, máximo cronista del fútbol mexicano, erudito del billar y del beisbol, y ocasional comentarista de lucha libre. Su estilo de narrar dependía de una voz vibrante y una excepcional capacidad para mezclar algunas anécdotas con los datos puntuales del juego. Provisto de una cultura que alternaba lo culto y lo popular, pasaba de las citas de la tragedia griega a las letras de los corridos. Su desmedida capacidad para reinventar lo real convertía cualquier contienda en la batalla de las Termópilas. La epopeya era su ambiente natural; no en balde decía que el público representaba para él su ‘coro formidable’”, así inicia el prólogo “Haz el bien sin mirar a la rubia”, del escritor Juan Villoro para el libro enciclopédico Historia ilustrada del cine de luchadores: ¡Quiero ver sangre!, con lo cual se fortalece el contexto del que les estoy hablando.
            “Este libro fue hecho con espíritu guerrero e indomable y con paciencia zen para lograr una compilación total que venciera todas las imprecisiones derrotándolas, buscando los títulos enterrados en cuevas de momias, científicos desquiciados que nos negaban el acceso a información (con prácticas desleales como cobrarnos por copias de cintas, etc), y el surgimiento insospechado de múltiples títulos, chicos y grandes, de cortometrajes, documentales, cintas con apenas algunos segundos de lucha libre, datos contradictorios de estrenos y semblanzas biográficas, entre una lista de pequeñas batallas que podría extenderse hasta formar una suerte de ensayo de lo insondable en el terreno de la investigación cinematográfica.
            “Pasamos por esto y otro tanto, así que entregamos este trabajo con la certeza de que estamos haciendo justicia al género de luchadores (aunque algunos sentencien que ni falta les hace), pero sabedores de que en el largo y sinuoso camino de abrevar en nuevos datos y fuentes, algo podría surgir. Es la carrera de lo eterno, así que no se habla de punto final, por muy cerca que se esté. Cualquier aporte será bienvenido en la historia del encordado, que por su atracción y gusto es la trama que siempre estará escribiéndose”, así lo señalaron dos de los tres autores, Raúl Criollo y Pepe Návar, en la presentación del libro, del cual seguro estoy habrá corregidos y aumentados en las siguientes ediciones. Es más, no descarto un volumen más sobre el tema.
            Finalmente, en la presentación del ejemplar en la pasada Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, hubo una anécdota que estoy obligado a contar: A la misma hora y en el auditorio contiguo, el ex gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, presentaba su libro México. La gran esperanza, por lo que los guaruras del candidato del PRI a la Presidencia de la República no dejaban pasar a los seguidores del pancracio, pensando que los cientos de jóvenes iban a ver a su jefe. Tuvieron que salir los autores a luchar brazo a brazo (de manera verbal, claro) con los gorilas para decirles que a nadie de ellos le importaba lo que fuera a decir el Golden Gel Boy y que los dejaran entrar para saber del contenido de Historia ilustrada del cine de luchadores: ¡Quiero ver sangre!
            ¡De la que se salvaron los amantes de la lucha libre!


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