jueves, 26 de enero de 2012

"El mal ajeno", drama de Oskar Santos sobre el dolor de enfermos terminales


Félix Morriña

Hay películas que te van interesando conforme pasa la trama sin necesidad de tener mayor información sobre cómo la fue rodando el director, si es de un cineasta de renombre, si es de culto, o para pasar un buen rato con la familia o la pareja; o simplemente para un fin de semana de cruda, pero luego terminas botándolas. La curiosidad te acerca a ciertos filmes, ya sea por el título, el reparto o el cineasta, pero algunas llegan a caerse justo a la mitad o en el nudo de la historia y es entonces cuando llega la desilusión. Así me pasó con El mal ajeno (2010) de Oskar Santos (Bilbao, 1972), director de la serie Los mitos petits urbains (2004) y los cortometrajes El soñador (2004) y Torre (2000).
            Luego de una mediocre y aburrida jornada laboral en Ocoyoacac, me dispuse a ver este drama de 93 minutos, distribuida por Corazón Films, para ver a un insensible médico tipo Doctor House al que nada le parece y al que todo le da igual, gracias al cinismo involuntario de su profesión,             que luego de salvar a “Sara”, una paciente embarazada (Angie Cepeda) y ser baleado por el “marido” de ésta, le cambia el entorno y la vida. Al principio la sobrevaloré y fui poco a poco desinteresándome hasta el momento en que aparece un elemento sobrenatural llegando al colmo de la trama.
            No estoy en contra de aquellos que creen en la sanación por ósmosis, como tampoco en aquellos que idealizan los milagros dentro y fuera de los hospitales, pero no en un filme español, justo cuando creo que hay algo bueno que ofrecer en el séptimo arte hecho en la lengua de Cervantes. Veo el filme de Oskar Santos luego de enterarme de la nominación de uno de la familia Bichir (Demian) y del fotógrafo Lubezki para los premios Oscar y termino diciendo que nunca falta el tarado en la fiesta.
            Para evitar alejar a los amantes del cine ibérico con esta columna, me dispuse a investigar en la red algún motivo que pudiera salvar el trabajo como productor de esta película del afamado Alejandro Amenábar (guionista de Vanilla Sky y director de Los otros, Tesis y Mar adentro) y esto fue lo que encontré: Desde el punto de vista de Amenábar, “El mal ajeno tiene un guión muy bueno, gracias a que el guionista Daniel Sánchez Arévalo es una persona que tiene muchísimo talento y con una gran capacidad de trabajo. Más que una labor como productor, lo que he intentado es ayudar. Quizá ser una especie de mentor”.
            El compositor, cineasta y productor español agregó que ha empezado a involucrarse en las producciones de las películas en las que participa, pero nunca ha sentido la necesidad de producir a otros, porque cree que ya existe esa figura y gente que lo hacen muy bien. Para Amenábar la actriz Belén Rueda (que personifica a “Isabel”) “tiene la frescura, tiene la luz, y sabíamos que podía aproximarse a ese lado doliente que tiene el personaje. La idea era encontrar el alma perfecta para cada personaje y no dejarnos llevar por el hecho que este trabajo ha sido muy similar al de Mar adentro (una de sus mejores películas), donde buscábamos mucha verdad para cada personaje”.
El mal ajeno es una cinta que atiende a emociones muy, muy cercanas. Es una película sobre el dolor. No sólo el dolor físico, también sobre el emocional. Es una película que transcurre en un hospital con enfermos terminales que se tienen que enfrentar al dolor de perder algo, de degenerar. Fundamentalmente es un melodrama muy naturalista con un elemento fantástico”, opinó Alejandro Amenábar a través de una entrevista publicada en Internet (www.lahiguera.net) sobre este película que ahora puede usted amable lector conseguir en DVD.
            Desde el punto de vista del director Oskar Santos, El mal ajeno es una historia que estimula porque tiene un tratamiento muy naturalista de los personajes y de las interpretaciones, juega con la cotidianidad del personaje principal, así como del elemento sobrenatural (o paranormal, según se quiera ver) que surge en el filme al momento de sanar a las personas con enfermedades extremas. Para Santos, estos son características de los guiones de Daniel Sánchez Arévalo (Gordos, Azul oscuro casi negro), por lo que decidió trabajar con él.
En otra entrevista, pero con el actor principal que encarna a “Diego”, Eduardo Noriega, enfatiza que su personaje al principio está aletargado, porque es un médico que trabaja en la unidad del dolor y, por tanto, está rodeado de eso y muerte. Raras veces le da el alta a nadie. Lo que hace durante toda la película es un recorrido hacia la sensibilización. Poco a poco se va quitando esas capas férreas que se había puesto a lo largo de los años y empieza a mirar a la enfermedad, a los pacientes y a sus seres queridos de otra forma (como en el caso de su hija que está a punto de morir).
“Hay una revolución interior desde la frialdad hasta ser capaz de anteponer la vida de los demás a la suya. El arco que recorre el personaje es extremo, hay un gran cambio a lo largo de la película. Y es algo que le ocurre en su interior, no es un cambio de apariencia. Por otro lado, cuando me preguntan sobre lo que tienen en común ‘Diego’ e ‘Isabel’, digo que ellos se reconocen en el dolor y en la enfermedad por distintos motivos. No necesariamente se conocen las circunstancias personales. ‘Isabel’ no tiene mucha información sobre lo que le está ocurriendo a ‘Diego’, pero detecta ese dolor. Son almas frágiles que se juntan para ayudarse, para darse cariño… casi instintivamente. Hay una identificación, un acercamiento del uno hacia el otro, un reconocerse en el otro”, finaliza el actor Eduardo Noriega.
Como siempre, usted tiene la última palabra si la ve o termina botando El mal ajeno.


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